11.09.2009

Alvaro Cueva: Mi Pecado es la mejor telenovela que se ha hecho en Mexico

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“Mi pecado” es la mejor telenovela que se ha hecho en este país en mucho tiempo. ¿Por qué? Ahí le van las razones.

Primero, lo básico. Uno se la pasa muy bien mirándola. Hay melodrama, amor, intriga, pasión, sorpresas, valores. Es como deben ser esta clase de espectáculos. Punto.

Segundo, es una telenovela original, producida por un mexicano (Juan Osorio), escrita por tres mexicanos (Cuauhtémoc Blanco, María del Carmen Peña y Víctor Manuel Medina), trazada por un director mexicano (Jorge Fons), protagonizada por mexicanos (Maite Perroni y Eugenio Siller), en ambientes mexicanos (Chiapas).

Esto habla de creatividad, de valentía, de creer en nuestras historias, de creer en nuestra gente y de creer en nuestro país, justo lo que más falta le estaba haciendo a la televisión mexicana en este momento en que todo, vergonzosamente, son refritos e importaciones.

Y, tercero, “Mi pecado” es una producción visionaria. En ella se esconden las claves de las telenovelas del futuro. Hay que estudiarla.

Antes, por diferentes circunstancias, las telenovelas contaban ciertas historias, de determinada manera, se grababan de cierto modo y se transmitían de otro.

Hoy, ante la avalancha de cambios que está viviendo la industria de la televisión en el mundo entero, las telenovelas tienen que cambiar. “Mi pecado” propone ese cambio.

Si usted se fija, este proyecto no es una telenovela con una historia principal y varias subtramas. Son muchas telenovelas, muy fuertes, todas aglutinadas sin que alguna de ellas se sienta inferior a otra.

Tan importante es la historia de Lucrecia (Maite Perroni), por ejemplo, como la de Rosario (Daniela Castro) o como de la de Justina (Sabine Moussier).

Sus capítulos, más que contar una historia, o un paquete de historias, cuentan la evolución física, mental y emocional de un grupo de personajes.

Obviamente sí importa lo que pasa, pero importa más ver cómo pasa, cómo Teresa (Gabriela Carrillo) se va convirtiendo de niña a mujer, cómo Josué (Diego Amozurrutia) va definiendo su identidad, cómo Asunción (Tina Romero) va cambiando a medida que va manejando más información.

“Mi pecado” es más compleja de lo que parece. Uno se va con la idea de que el villano es Gabino (Sergio Goyri), cuando en realidad es Carmelo (Armando Araiza).

Hay mucho juego estructural, personajes que sirven de espejo a otros y elementos de una planeación tan admirable que, a diferencia de otros melodramas seriados que a las dos semanas acaban convertidos en malas comedias, éste jamás perdió verosimilitud.

A mí se me hace admirable, por ejemplo, la manera como los responsables de “Mi pecado” jugaron con lo positivo y lo negativo.

Cada familia de esta telenovela, por mencionarle sólo un caso, tenía un hijo bueno y un hijo malo que alimentaba un triángulo amoroso donde jamás había nada fuera de lugar. Jamás.

Y ésta es sólo la parte literaria. Como producción, “Mi pecado” es una cátedra.

Fíjese lo que hizo Juan Osorio: aprovechó una historia para ir a vendérsela a un gobierno estatal, supo resolver los más sofisticados conflictos políticos y convirtió aquello, sin chafearlo, en una excelente plataforma de ventas.

Las menciones comerciales de “Mi pecado” nunca chocaron ni con la historia, ni con los personajes ni con los lugares ni con nada. Aparecieron lo mismo en los créditos de entrada que en las escenas más impactantes, y fueron manejadas con un buen gusto exquisito.

No sé usted, pero yo veía a Delfina (Magda Karina) haciendo caldo de pollo y todo se veía tan bonito y estaba tan bien manejado que se me antojaba y jamás me sentía ofendido como televidente.

“Mi pecado” cumplió como espectáculo, como ejercicio de relaciones públicas y como negocio.

¿Y qué me dice de los actores? La entrega de Daniela Castro ha sido como para ponerle un monumento, Maite Perroni ya confirmó su posición como la nueva súper estrella de las telenovelas mexicanas y Eugenio Siller hizo un trabajo de transformación actoral maravilloso.

Armando Araiza nunca va a volver a ser el mismo después de esta telenovela, Roberto Blandón estuvo magnífico, Francisco Gattorno no pudo haber vuelto a este país con más dignidad.

Y así me la puedo pasar todo el día elogiando a los actores maduros, a los actores jóvenes y a los lanzamientos de esta emisión. “Mi pecado” debe ser como un dulce para ellos especialmente ahora que sólo los llaman para hacer el ridículo.

Qué gusto esto que está pasando con “Mi pecado” y más por las aventuras que Juan Osorio y su equipo tuvieron que vivir para sacarla adelante como la mala programación original, los cambios de horario y la ausencia de promoción en muchos programas estratégicos de espectáculos.

Luche por ver los últimos capítulos de esta telenovela. Es fundamental. En varios años vamos a estar hablando de ella. De mí se acordará.

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